Sumando almanaques
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Cuando diciembre descuelga sus últimos días muchos se apresuran a hacer balances del año. Y estaría bien que como país también se haga un cierre de año, pensando en qué se ha hecho por las personas mayores de 60 años que según los datos preliminares del censo 2011 llegan a 600 mil. Esto significa que casi dos de cada 10 uruguayos están en esa franja de edad.
Se sabe también que Lavalleja, Montevideo, Colonia, Florida y Rocha son los departamentos donde vive un porcentaje mayor de personas de 65 y más años, pero es en la capital donde hay un mayor índice de envejecimiento, ya que por cada 84 personas mayores de 64 años hay 100 personas menores de 15 años.
Ojalá que con estos y otros datos que surjan del censo se puedan planificar políticas específicas que integren a los mayores a una sociedad que se autodenomina como “pais de viejos” pero en los hechos muchas veces se los discrimina, los niega, y no se quiere ver en el espejo de las arrugas.
Pero volviendo a las “fiestas”, siento que estos días muchos corren. Corren para llegar a fin de año, por organizar la cena de nochebuena y de navidad. Corren para cumplir con las despedidas de amigos, de trabajos, de viejos compañeros, por comprar regalos a los niños, maridos, esposas, corren porque llegan las vacaciones. Todos corren y llegan a la medianoche agotados sin saber porque. Incluso las personas mayores. ¿Para qué?
Nos complicamos la vida que tenemos, con cosas que quizás no son tan importantes...
A veces las personas mayores que llevan mas años arriba, ven pasar estas corridas como en una película de Chaplin, acelerada, en blanco y negro y sin mucho dialogo.
Son semanas donde parece que es obligación estar feliz, sonriente, donde hay que cumplir con todos. Pero la verdad es que “las fiestas” para las personas que acumulan navidades pueden ser complejas, movilizadoras, porque - sin que los llamemos - se hacen presentes quienes ya no están o evocamos momentos que ya no serán.
Vivamos las fiestas como oportunidades para cambiar la mirada y repasar la propia historia, los logros, los afectos ganados, los hijos, nietos y no focalizarse sólo en las pérdidas, que es cierto que existen y se acumulan.
Y como todo nacimiento hay que aceptar en la navidad hay un poco de dolor, pero rescatar la alegría del resultado. Y ponernos en disponibilidad de gozar lo que hay y lo que se viene.
Y con la excusa de que cambiamos el almanaque animarse a realizar nuevos proyectos algo importante siempre, pero vital en las personas adultas mayores. Espero que la Navidad haya sido feliz, y que venga un mejor año aún. Que nos encuentre en el mismo camino de disfrutar la vida a pleno.
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